Capítulo 1

 

La vuelve a mirar hasta convencerse que es real, que ella esta sentada en su habitación. Parece un espejismo, esta arrodillada en la cama con un libro entre las manos, sonriendo dulcemente al ver al pequeño perro entrar en la sala, acariciándole el negro morro. Suelta un gruñido y el cachorro huye al ver al gran lobo blanco recostado en una esquina de la sala, sabe por experiencia que es mejor no enfadarle. Sonríe, es una sonrisa lobuna, ella le da un pequeño golpe en el hocico que casi no nota.

 

Siente como, ella, se acurruca entre sus grandes patas para entrar en calor, y, como su respiración se va haciendo más monótona. Gruñe, es suya.

 

 

 

Capítulo 1

 

 

Se mira en el espejo intentando ver algún parecido entre su antigua vida y esta, de su anterior aspecto no queda nada, ni siquiera el pelo antes negro, lacio y largo, ahora forma preciosos tirabuzones del color del chocolate a la altura del pecho; su piel, antes pálida, es morena, por las largas horas al sol; los ojos que en este momento la miran son del mismo tono que el del cabello, le asalta el recuerdo de sus preciosos ojos color miel y se entristece, nunca más volverá a verlos mirarla con esa expresión de tristeza.

 

 

Recuerda los últimos momentos que paso consciente en la Tierra, con tristeza se asombra de lo rápido que paso ese tiempo y lo eterno de este momento. Recuerda el pasar de las horas en clase y la cara de aburrimiento de sus compañeros, recuerda cuando el sonar de la campana la había salvado de responder a una pregunta a la que no tenía respuesta y el difícil paso a través de los alumnos de su instituto, cuando salió por la puerta y los rayos del sol la dieron la bienvenida. Y lo peor de todo, revive el momento del accidente en el cual el coche le pasa por encima, escucha los gritos de la chica del vehículo que tendrá que vivir siempre con esa culpa; los andares nerviosos de los médicos al saber que no podrían salvarla, y sin embargo aquí estaba, intenta recordar más por sí hay algún dato que pueda darle la solución a sus preguntas, ¿por qué ella se salvo tomando el cuerpo de aquella joven? ¿y si no era la única? ¿estarían allí? Y si era así, ¿como iba a encontrarles? Pero no recuerda nada más, todo esta enterrado bajo la vida de la chica con la que había intercambiado el cuerpo.

 

Mira a su alrededor intentando serenarse, observa la cómoda cama en la que despertó, el pequeño escritorio que se encontraba al lado de la puerta, la sencilla silla y el gran armario, y además de todo eso, el majestuoso espejo en el que se estaba observando. Se distrajo un poco más de tiempo perdiéndose en su reflejo pero unos golpes en la puerta la despiertan de su sueño, se asoma la cara de una señora mayor. La busca entre los recuerdos de la joven a la que a robado la vida pero no la encuentra.

 

  • Pequeña, vuestra madre os llama.

 

Acto seguido se da la vuelta y se marcha. Ella la sigue por las escaleras algo confusa, mientras intenta recordar la información que posee de la vida en ese planeta. Recuerdos vagos de su supuesta familia le llegan a la mente, se dice a si misma que no tiene que decir a nadie que no es la misma Cris que nació en ese lugar.

 

Al llegar abajo se encontró con una señora de pelo negro al que ya asomaban algunas canas, tenia a un niño rubio de unos tres años en brazos; al mirar alrededor observó que no eran los únicos que estaban en la sala. Cruza la mirada con un joven moreno algo mayor que ella, tiene unos bonitos ojos verdes, fríos como el hielo, se siente intimidada por la mirada de el chico y desvía la vista hacia la joven que lo acompaña, es bonita, lleva el cabello dorado por debajo de los hombros, la piel clara y tersa, la boca es muy pequeña al igual que la nariz, pero lo que más destacaba en su rostro eran los ojos, los dos sin pupila ni iris, uno blanco y otro negro. Los dos tienen algo salvaje, a la vez atraen y repelen.

 

  • Cris, acompaña a los caballos de los señores al establo y después ven a ayudarme.

 

Ella obedece, como siempre, y se dirige hacia la entrada donde encuentra dos maravillosos corceles blancos, los lleva al establo mientras sigue recordando toda la vida de la chica de este misterioso lugar. Al llegar se encuentra con el recibimiento de una yegua color pardo, aunque acto seguido el animal se aparta, ella si se ha dado cuenta de que no es su verdadera dueña. Cris la tranquiliza mientras deja los caballos, tras un par de caricias, la yegua vuelve a acercarse a ella. Sonríe, siempre se le han dado bien los animales.

 

  • Es bonita.

 

Al girarse vio al joven que había visto antes, se lo quedo mirando no sabiendo si esperaba una respuesta.

 

  • ¿Te ha comido la lengua el gato?

  • Perdona, ¿que has dicho?

  • Menos mal pensaba que eras muda.

 

Ella soltó un suspiro, daba igual el mundo, los chicos siempre eran así allí.

 

  • Me vas a dar una respuesta o no.

  • Perdona es que estoy un poco ida.- Haciendo un gran esfuerzo le regalo una sonrisa.- ¿A que te tenía que dar una respuesta?

  • Esta bien... Te estaba tomando el pelo .- el chico parecía un poco confuso.- Me he acercado por si necesitabas ayuda, pero ya veo que no.

 

Él se dio la vuelta y se dirigió a la casa lentamente. Para cuando Cris le alcanzó, ya habían llegaron a la casa donde, les esperaba la madre de la chica, quien les guió a través del pasillo hasta una habitación. Abrió la puerta y los dos pudieron ver a la acompañante del joven,. Esta se había tumbado en la única cama de la estancia y se había dejado el torso al descubierto, por lo que pudieron ver la profunda herida que tenia en la tripa.