Capítulo 2

 

Entró en su cuarto corriendo, se sentía mareada y con ganas de vomitar. Había aguantado durante tres horas el observar la profunda herida de la joven rubia. Su “madre” y ella habían limpiado, desinfectado y cosido el profundo rasguño. Había podido observar que tenía la forma de una afilada garra curvada.

 

Se vio interrumpida en sus pensamientos cuando las pequeñas manitas del niño rubio que había podido observar antes la agarraron los dedos fuertemente.

 

-¿Kevin que haces aquí?.- Le pregunta mientras se sorprende a si misma al recordar el nombre de su supuesto primo menor.

 

-Tenía miedo, Mahga me ha dicho, que la hehida que tenía la mujeh se la tiene que habeh hecho un hombhe-lobo.- ella le miró divertida, siempre le hacía gracia la dificultad que tenían algunos en pronunciar la erre. Ella le abrazó, le acompañó a su habitación y esperó a que se durmiera tranquilo.

 

Se quedo mirando su carita redonda mientras pensaba en lo que le hubiese gustado tener un hermano en su otra vida, y como, Elisa, la pequeña niña del orfanato, casi había logrado ser esa hermana que había deseado. Le acarició el cabello como solía hacerle a Elisa y le dio un beso en la mejilla.

 

Después volvió a subir las escaleras para entrar a su cuarto. Se acostó en la cama y se quedo mirando al techo, era de madera, como todos los de esa época, recuerda el techo azul oscuro de su habitación anterior que simulaba el cielo nocturno y la profunda respiración de su compañera de cuarto. Todavía recordando su antigua vida, se levanta y va a la pequeña sala que su supuesto padre mando construir en todas las habitaciones y se encuentra con una tina llena de agua caliente, se quita el vestido verde con el que despertó y se mete dentro, mientras, internamente le da gracias a Marga. Al salir encuentra una toalla con la que se envuelve y vuelve a entrar en el cuarto, busca en el armario y encuentra un camisón blanco de corte sencillo que le parece perfecto para poder dormir cómoda. Después se mete en la cama y se queda dormida.

 

Se despierta con la mente totalmente despejada y se dirige a la ventana. La abre y ve dos figuras que se dirigen hacía el bosque, reconoce en ellas a los dos extraños visitantes que habían tenido esta mañana.

 

-Erik, no deberías ir, sabes tan bien como yo que no es seguro, ni siquiera para ti.

 

La más alta de las figuras, ella imagina que será el joven, se inclina sobre la otra y le da, lo que parece ser, un beso en la frente.

 

-Tranquila Gara, no va a pasar nada.

 

Y se adentró en el bosque. La chica, volvió a entrar en la casa mientras, Cris, encontró una enredadera y se descolgó por la ventana, todavía llevando el camisón. Pisó con sus pies descalzos la hierva húmeda. Corrió a través de los árboles intentando alcanzar al otro chico, le intrigaba lo que podía estar pasando. Pudo ver entre los árboles su figura durante un solo momento, pero al segundo siguiente no estaba.

 

El bosque se iba haciendo cada vez más oscuro y a cada instante era más difícil seguir avanzando, parecía que las plantas no querían que fuese más allá, los árboles le cerraban el camino y los hierbajos se le enredaban en los tobillos. Una luz roja le sobrepasó por encima de su cabeza, giró la cabeza pero no vio nada.

 

Le parecía estar andando en círculos, encontró las huellas de casualidad, eran humanas. Las siguió hasta que llegó a un punto muerto, se dejó caer, estaba perdida en medio del bosque. Todo le daba vueltas, se apoyó en una gran raíz mientras miraba a su alrededor, no consiguió orientarse ni permanecer despierta.